|
Hacia fines de 1929, Leguía llegaba al final de su mandato y entregaba la banda presidencial al congreso con estas palabras:
“Es así como he cumplido señores Representantes con mis santos deberes durante el periodo constitucional al que hoy pongo termino; devolviendo al Congreso, esta Banda Presidencia que a toda hora he sabido conservar con honra”
Pero, es reelegido nuevamente en 1929, por un pueblo agradecido, por haber recuperado las Provincias de Tacna y Tarata que habían permanecido en poder de Chile por 46 años de cautiverio desde la Guerra de 1979.
En 1930 se sublevó el Comandante Sánchez Cerro en Arequipa causando desordenes y vandalismo.
El Presidente Leguía, cansado y enfermo, renuncia. Entrega el poder y parte al exilio en el Barco Bolognesi, pero es obligado a volver y llevado a la isla San Lorenzo, para luego conducirlo al Panóptico. Habiéndosele agravado el mal de próstata y una bronconeumonía contraída en la prisión, falleció a los 69 años el 6 de febrero de 1932 en el Hospital Naval. Fue finalmente enterrado en una pobre tumba en el Cementerio Presbítero Matías Maestro del Callao.
La revolución de Sánchez Cerro y sus seguidores se dedicaron a borrar el nombre del presidente Leguía de la historia, echando una leyenda negra sobre sus gobiernos y ocultando muchos de sus méritos por el progreso del país.
Décadas más tarde, Víctor Raúl Haya de la Torre, eminente político peruano, diría que Augusto B. Leguía fue el mejor presidente del Perú del siglo XX.
|
|